De discursos breves y con una imagen de académica, Delcy Rodríguez, la mujer que juró como presidenta encargada de Venezuela, ha tomado el timón de un chavismo volcado en garantizar su supervivencia cuando su país se asoma a una etapa de cambios tutelados por EE.UU. y que está poniendo a prueba los cimientos de la revolución.
En un mes, esta abogada de 56 años ha dejado patente su capacidad de dialogar con Washington, de impulsar una reforma que da un giro ‘capitalista’ al sector petrolero, pero también de asumir como la primera comandante en jefe de una fuerza armada que ha jurado lealtad a la sucesora de Nicolás Maduro.
Después de la operación militar del pasado 3 de enero que terminó con la captura de Maduro, el chavismo apostó por llenar su ausencia y encarar, desde el poder, la nueva dinámica.






