En medio de la guerra en Ucrania y la peor crisis económica de Rusia en décadas, Vladimir Putin llegó a Alaska para reunirse con el presidente de EE. UU., Donald Trump, en un encuentro clave para el futuro del Kremlin.
Con los ingresos petroleros desplomados, un déficit fiscal récord, inflación superior al 10 % y un sistema bancario en riesgo, el mandatario ruso busca un acuerdo que incluya el levantamiento de sanciones, el reconocimiento de Crimea y el Donbás como territorios rusos, y la retirada de tropas ucranianas de las zonas aún en disputa.
Trump, por su parte, advirtió que no habrá concesiones sin contrapartidas y que, de no lograr un pacto, endurecerá las sanciones. Incluso afirmó que una caída adicional del precio del petróleo podría forzar a Putin a detener la ofensiva: “Si logras que la energía baje otros 10 dólares el barril, no tendrá otra opción porque su economía apesta”.






